Capítulo 08/ Música

“Conseguíte un trabajo honesto” le decía un enojado Pappo Napolitano a DJ Deró. La idea de la pureza en la música, como en el arte, siempre ha ocasionado discusiones acaloradas. ¿Hasta qué punto las podemos aceptar que las máquinas ayuden en la creación de la música y su difusión? ¿Porqué aceptamos con tanta naturalidad los acordes de las guitarras eléctricas en los Beatles, pero nos resistimos a aceptar a los DJ como artistas?

La introducción de la tecnología en la música, como en la propia evolución del hombre, produce reticencias en quienes se ven amenazados pero a la vez abre un sinfín de nuevas oportunidades. Plataformas como Spotify, no sólo han ocasionado una revolución en el acceso y democratización en la difusión de artistas, matando el poder de los sellos discográficos, sino que también ha impulsado un nuevo paradigma de convivencia social: las guerras de etnias Punks vs Metaleros, parecen haber quedado en el pasado, las nuevas generaciones viven con gran naturalidad y aceptan la convivencia de géneros musicales propios, respetando los gustos ajenos.

Los músicos, a su vez, han recuperado el poder sobre sus obras, encontrando un mejor negocio en generar recitales, con la empatía única que produce un evento en vivo y en tiempo real, más que en la venta de discos o canciones como producto.

Nacen nuevos artistas que son hologramas, como parte de una realidad mixta; canciones chinas que consiguen más de 1000 millones de views en tan sólo semanas; y algoritmos que ayudan a crear y a distribuir eficientemente nuevos contenidos musicales; y sin embargo, la creatividad humana sigue siendo el motor y el conductor que entrelaza el gusto, la pasión, y los sentimientos que la música sigue despertando en las audiencias, tal como lo ha hecho a lo largo de toda nuestra historia.