Capítulo 03 / Gig Economy

Plataformas digitales como las de transporte, pagos, alquileres, o franquicias rompen con la lógica convencional dentro del mercado laboral generando un impacto hacia el autoempleo y una economía informalmente organizada. Este tipo de sistemas escapan a las regulaciones estatales tradicionales por su descentralización y agilidad para adaptarse a nuevos ecosistemas y transnacionalización. Nace un nuevo paradigma de accesibilidad que postula el uso por sobre la posesión de objetos y bienes. Mecanismos de uso colaborativo y colectivo aplicados al conocimiento o al trabajo, resultan mayormente eficientes dado que establecen puntos de equilibrio óptimos (costo-tiempo) entre la demanda y su oferta.  El uso de tecnología en plataformas permite sistemas de matcheo inteligente, que arrojan la mejor opción entre usuario y oferente tomando en cuenta información contextual del espacio y el tiempo.

Basta pensar en plataformas clásicas de comercio electrónico como eBay o Amazon, o sus locales Mercadolibre u OLX, para comprender el impacto de este tipo de sistemas. Sin embargo, con la evolución propia de la masificación de Internet, las plataformas fueron encontrando nuevas industrias, cada vez más físicas. Negocios tradicionales y centros de poder, hoy se ven amenazados por pequeños players que se mueven con la agilidad y desparpajo que la economía de costo marginal les habilita.  No en vano las fintech se han convertido en la principal amenaza para los bancos, y ni hablar del dolor de estómago que trajeron las criptomonedas a quienes defienden las arcas con monedas y valores tradicionales.

Los sistemas han ido evolucionando e impactaron en el transporte, en los viajes, en los oficios, sacando del medio a los intermediarios y escapándole a los reguladores. Uber, como estandarte de las plataformas de alto impacto, logró acuñar el término “uberización” a cualquier servicio que se dé sobre una plataforma que tenga la capacidad de unir de manera ágil a la oferta y la demanda, con una lógica gig.

La economía gig – vocablo inglés que podría traducirse como changa – parece que se establece como un gran potencial de empleabilidad en un mundo más libre y autónomo. Los gigers – oferentes de servicios en la economía gig – trabajan de manera autónoma pero, a diferencia de cómo lo hacían antes, utilizan plataformas que bajan el riesgo, permitiendo seguir la oferta y la demanda de manera transparente. Esto les permite organizar sus horarios, establecer objetivos de ganancia y planificar sus vidas de modo más preciso, todo ello, rompiendo el viejo estigma de la franja horaria de 9 a 18hs.

Todas las personas económicamente activas que gana la economía gig, las pierde la economía formal y, por lo tanto, son menos personas que están buscando trabajo en empresas convencionales; o bien, existen aquellas que bajo un modelo híbrido buscan una complementación entre labores formales e informales.

Bajo este nuevo escenario, en la trama laboral se empieza a conocer que el malo de la película era la “desorganización” y no tanto la resistida “informalidad”. Pareciera que la “changa” informal pero bien organizada extendida por el uso de la tecnología, puede ser una opción viable y elegida por la fuerza trabajadora; y otra vez, los intermediarios que no generan valor, ¿son quienes quedan expuestos?